Si estás leyendo esta entrada debes saber que es la primera que escribo en este blog. Me estás viendo nacer. No estoy desnudo, pero más o menos. He meditado mucho sobre qué quiero contar en este blog, y no he llegado a una conclusión clara, así que voy a hablar desde mi experiencia como escritor. Agradeceré cualquier comentario que me dé un poco de feedback que me ayude a saber qué es lo que te gustaría leer en este blog. Hoy voy a empezar contando algunas razones para escribir o razones para seguir escribiendo.

 

Para perder mi bloginidad quiero hablar de algo que, como escritor, quiero contar a todo el que me lee. Si estás leyendo esto, necesito que sepas esta parte de mí. Si el texto te parece muy largo, ve al decálogo directamente. (Y por cierto, si eres de esos ¿qué haces leyendo un blog de un escritor? ¿Qué esperabas encontrar? ¿Galletas de chocolate? Venga, te pongo unas, que a mí también me molan)

 

Galletas de chocolate
Cada vez que hablo con alguien en una firma de libros me pregunta cómo empecé a escribir. Creo que quieren oír una historia preciosa sobre cómo devoraba libros desde mi infancia hasta que llegó el día en que dejé salir todo lo que tenía dentro de mí. Eso es lo que me he encontrado en decenas de biografías de escritores, pero mi caso fue distinto. Tuve una época “rebelde” en el instituto, y fui muy poco lector.

 

Al mismo tiempo, vivía en una inseguridad constante sobre mí mismo. ¿Conoces esa sensación de que nunca consigues lo que te propones? Dices que vas a perder 5 kilos y en 3 meses no has perdido ni medio. Dices que vas a crear un blog y a la tercera entrada terminas por abandonarlo. Dices que vas a escribir un libro y a la décima página abandonas. Dices que… Ha quedado claro, ¿no? A mí me tocó esa crisis, y decidí que las cosas tenían que cambiar: Me propuse escribir una novela. Con 17 años recién cumplidos.

 

¿Cuál fue el resultado? Un pequeño desastre, un cúmulo de errores que ya nunca podré enmendar, y que me alegro muchísimo de haber cometido. Se puede decir que empecé a escribir por cabezota, sin objetivo ni camino, pero creo que no es tan importante cómo empezaste sino por qué sigues.

 

Así que eso es lo que quiero contar hoy: Por qué sigo escribiendo.

 

10 Razones para escribir

 

1. No puedo dejar de hacerlo

Empecé a escribir joven, y cuando me di cuenta, lo necesitaba. Me aliviaba. Word era mi gran amigo imaginario, a quien le contaba mis penas y quien me ayudaba a salir adelante.

 

 2. Aclara mis dudas

Escribir tiene un efecto curioso en mí. Suelo ser desordenado en todos los aspectos de mi vida, incluidos mis pensamientos y sentimientos. Pero cuando escribo, todo encuentra su orden y estructura y lo hace más fácil.

 

3. Estabiliza mi estado de ánimo

Cuando me siento “inspirado”, escribo. Por lo general es porque estoy deprimido o  cabreado. Así que, cuando me siento delante del teclado, suelto todo lo que tenía dentro y me quedo mucho más tranquilo.

 

4. Me permite vivir mucho más

Parece una tontería, pero la imaginación da para mucho. He escrito libros en los que mis personajes han vivido situaciones muy diferentes a las mías, pero las he compartido con ellas. Además, al dejar una parte de mí en el ordenador, me siento mucho más libre y capaz de hacer cosas. Estoy segurísimo de que no hubiera viajado a Finlandia yo solo cuando tenía 19 años si no hubiera estado escribiendo desde años antes.

 

5. Me hace mejor persona

Esto probablemente no le pase a muchas personas. Resulta que cuando escribo, intento ser positivo. Soy bastante dramático y muy emocional en mis historias (quien ha leído La biblioteca de Emma lo sabe), pero al mismo tiempo, todo va encontrando su lugar y los personajes crecen y maduran. Y yo lo hago con ellos, porque vivo tanto como ellos. Probablemente si escribiera sobre psicópatas asesinos también se me pegaría algo… Esperemos que no llegue ese momento.

 

6. Me entretiene y me gusta

Esta es la más sencilla de todas. Ni me molesto en explicarla.

 

7. Adoro que me lean

A lo mejor es cuestión de ego, pero considero que es más la satisfacción de que reconozcan tu trabajo. Me gusta que me lean e incluso que me critiquen, siempre que sea de forma constructiva (no siempre ha sido así). Los escritores nos esforzamos mucho en crear textos, pero es triste cuando se quedan olvidados en el cajón. Bueno, eso era en otra época. Hoy en día se quedan olvidados en la carpeta de Documentos, tal vez en un disco duro antiguo y lleno de polvo.

 

8. Me paran por la calle para decirme que les ha gustado mi libro

Vale, reconozco que esto me ha pasado pocas veces. De hecho solo recuerdo una, aunque unas cuantas personas sí han venido a firmas a decírmelo.

 

9. El momento en que ves tu libro por primera vez

Solamente es un momento, unos pocos segundos, pero es espectacular. Soy adicto a esa emoción.

 

10. He conocido a personas increíbles

No sé si esta es la mejor de todas, pero es una muy importante. Por mi lado han pasado grandes personas que me han ayudado mucho y me han hecho crecer y madurar.

 

¿Y tú? ¿Cuáles son tus razones para escribir? ¿Sientes lo mismo? ¿Se te ocurre alguna más?